“Alertan de la colocación de ‘cables-trampa‘ para ciclistas en la primera trialera de El Cortijo y en la pasarela sobre la vía entre Gonzalo de Berceo y la calle Fuenmayor. Los cables ya han sido retirados, pero han causado varias caídas. Se pide difusión entre los grupos ciclistas y extremar la precaución estos días ante la acción de este psicópata, que puede ser el mismo que ya ha atentado otras veces”. Este es el último ejemplo de una práctica extendida en España y que se ha cobrado su última víctima sobre la bicicleta: un ciclista con traumatismo craneoencefálico leve que debió ser hospitalizado en Logroño este lunes, tal y como ha señalado ‘Logroño en Bici’ en sus redes sociales.

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Un día antes de este suceso que no tuvo consecuencias graves (el ciclista reposa en casa), la Guardia Civil advirtió a través de Twitter de que esta práctica es cada vez más común en zonas de montaña, algo que califican de circunstancia “muy peligrosa” y recomiendan llamar al SEPRONA cada vez que alguien vea alguna de estas trampas que ya se llevaron una vida por delante en 2015.

En el caso de La Rioja, el temor por estas peligrosas trampas crece y diferentes grupos de aficionados al ciclismo han denunciado la aparición de ‘cables-trampa’ en diferentes caminos cercanos a Logroño y los comentados por El Cortijo, a raíz del accidente del pasado lunes, añadiendo que este episodio no es un caso aislado.

Los dos accidentes más dramáticos

Hay dos casos que se recuerdan cada vez que alguien ve un cable o trampa ciclista. El de Diego González fue dramático, porque en 2015 quedó en silla de ruedas tras su accidente en el Monte Alba, de Vigo. Cuatro operarios de la comunidad fueron juzgados por colocar una gran piedra contra la que se estrelló Diego después de un salto. No se pudo probar su culpabilidad. Aunque peor fue la historia de Jesús Ángel Santos Redín, que viajó con su bicicleta mientras visitaba en Cantabria a su hija de 12 años, que estaba en un campamento en Valderredible. En uno de los tramos del GR99 —un sendero balizado de gran recorrido—, se encontró con un cable pastor eléctrico cruzado en el camino entre dos estacas. Falleció en la caída.

“Los autores de estas trampas son denominados ‘fantasmas’ porque aparecen, las dejan puestas y desaparecen sin dejar rastro. Quien hace esto lo hace con guantes, para no dejar huellas. Es muy difícil determinar quién ha puesto qué”, explicaba el pasado mes de junio a El Confidencial Víctor Tarodo -presidente de IMBA en España (Asociación Internacional de Bicicleta de Montaña) y abogado-. “Hoy, se imputan solo lesiones leves o graves. Si son muy graves, se les condena a unos meses de cárcel (con menos de dos años, no entran a prisión) y una multa o indemnización que puede llegar, en principio, hasta los 30.000 euros. No hay homicidio ni intento de homicidio”.



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