Todo los coches no son iguales. No solo hay diferencias entre marcas, sino entre tecnologías. Los coches diésel no se diferencian demasiado de los de gasolina convencional, si los comparamos con un eléctrico, por ejemplo. Pero aún así hay diferencias importantes que hace que los diésel sean propensos a sufrir ciertas averías que no ocurren o son menos frecuentes en un coche de gasolina.

Los expertos de TopGear nos explican tres averías habituales en los coches diésel que conviene vigilar, para prevenir antes de que sea demasiado tarde.

Todas las averías de los coches son caras, y si no lo cubre el seguro puede convertirse en un problema que te descuadre todo el presupuesto del mes… o del año. Echa un vistazo, y comprueba si tu coche diésel puede ser propenso a sufrir este tipo de desperfectos.


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El filtro de partículas

Los coches diésel llevan un filtro de partículas o FAP que, por su tipo de combustión, es propenso a ensuciarse. Esto ocurre porque acaba acumulando una gran cantidad de partículas que no han sido incineradas. Es algo inevitable, pero es importante saber que ciertos tipos de conducción favorecen más menos la aparición de estas partículas sin quemar.

La clave está en no abusar del los trayectos por ciudad. Cuando el motor funciona a altas revoluciones el FAP completa su período de regeneración, algo que no pasa en los atascos ni circulando a bajas revoluciones.

La válvula EGR

La válvula EGR ocasiona muchos problemas en los vehículos diésel, como muchos de sus dueños seguramente saben. Su función en la de volver a introducir los gases del escape en las cámaras de combustión del motor cuando el propulsor tiene poca exigencia, o está al ralentí.

A veces falla y se queda abierta, permitiendo pasar a estos gases cuando no deberían, lo que ocasiona diferentes problemas. No es una avería en sí misma pero la mecánica pierde rendimiento, así que el coche no funciona en óptimas condiciones.

Ocurre con más frecuencia si se circula mucho por ciudad. Para solucionarlo hay que mantener el motor a altas revoluciones durante un rato, por ejemplo realizando un trayecto en autopista, con el propulsor revolucionado.

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Los inyectores

Los inyectores sucios es una avería muy común, pero al mismo tiempo solucionarlo te costará una buena factura en el taller. Lo que ocurre es que se amontonan residuos en los pequeños orificios de los inyectores. Esto hace que la combustión del gasóleo no sea buena. Aumentará el consumo de combustible, y el humo que sale por el tubo de escape se volverá negro.

Esta avería de los coches diésel se produce con más frecuencia si circulas a bajas revoluciones, o cuando el propulsor no tiene la temperatura adecuada. Lo evitarás si tienes en buen estado los filtros y el nivel de aceite, y si respetas los tiempos de calentamiento del motor, antes de exigirle al máximo.



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