Para Carles Puigdemont y Toni Comín es mucho mejor estar dentro que fuera del Parlamento Europeo, nadie lo duda. Pero las primeras 24 horas de los líderes secesionistas en la sede europarlamentaria de Estrasburgo no han sido las mejores ni más brillantes de la ‘internacionalización’ del procès.

Llegada

El expresidente de la Generalitat y el ‘exconseller’ llegaron este lunes a la entrada de la Eurocámara arropados, en un día poco apacible, por una pequeña concentración proindependentista, nada comparable a la que se convocó el 2 de julio del año pasado, la jornada en la que se estrenó esta legislatura, y a la que ninguno de los dos acudieron para no pisar territorio francés, donde temían ser detenidos. En aquel entonces, todavía no contaban con la inmunidad como eurodiputados.

Al entrar en el edificio del Parlamento Europeo, sobre las dos de la tarde, ambos eurodiputados fueron recibidos por una delegación de la Generalitat, encabezada por Quim Torra, presidente, y por Alfred Bosch, consejero de Acción Exterior, y por otra delegación del Parlament, representada por su presidente, Roger Torrent. Algunas fotos y abrazos, pero ninguna sorpresa.

Tarde en el hemiciclo

Poco antes de que el reloj de la cámara marcara las 17:00h, Puigdemont y Comín ocupaban sus escaños: 853 y 854. La última fila del gallinero de la Eurocámara, la zona en la que se sitúan los no inscritos. Algún eurodiputado curioso se acerca. Entre ellos Nigel Farage, líder euroescéptico británico y uno de los arquitectos del Brexit.

Al otro lado de la cámara los eurodiputados verdes ocupan sus escaños. Algunos portan un cartel amarillo con el que piden la liberación de Oriol Junqueras, antiguo vicepresidente de la Generalitat, condenado a 13 años de prisión y recién suspendido como eurodiputado tras la decisión de la Junta Electoral Central (JEC) confirmada por el Tribunal Supremo.

Los ujieres suelen ser exigentes, controlan de cerca a los eurodiputados, pero les permiten una cierta cintura. No fue el caso este lunes. Hermann Tersch, eurodiputado de Vox, tiene sobre su mesa un cartel con la bandera de España mientras espera sentado al inicio de la sesión. Uno de los ujieres se acercan y le piden que le dé la vuelta, que no lo saque.

Durante los días y horas previas al inicio de la sesión, los grupos españoles en la Eurocámara, especialmente Iratxe García, líder de los socialdemócratas europeos, que tiene línea directa con el presidente de la institución, Esteban González Pons de los populares y Luis Garicano, líder de Ciudadanos en el Parlamento Europeo, han avisado a David Sassoli, presidente de la Eurocámara, de que evite al máximo las intervenciones y convertir el hemiciclo en un set televisivo.

Laura Borrás, Elsa Artadi y Quim Torra entre los líderes nacionalistas que acompañaron a los manifestantes que recibieron en el Parlamento Europeo. (EFE)

El trabajo de Sassoli es, teóricamente, sencillo: leer una serie de anuncios antes de que comience la sesión, entre los que se encuentra que toma nota de la elección de Puigdemont y Comín como eurodiputados. La parte difícil era evitar el barullo. Algo después de las 17:00 el italiano comienza con sus anuncios. Los menciona pero solo aplauden un par de personas, varias de ellas desde la tribuna de visitantes, donde está la delegación de la Generalitat, controlados de cerca por los trabajadores de la Eurocámara.

Cuando Puigdemont y Comín intentan sacar uno de los carteles amarillos pidiendo la libertad de Junqueras, como los que tienen algunos eurodiputados de Los Verdes, un ujier tarda solo unos segundos en acercarse para pedirle que lo quiten.

“Indiferencia” es la palabra más utilizada por el resto de eurodiputados. Ni siquiera frialdad: sencillamente indiferencia. No hay aplausos, no hay abucheos. No parece que tengan nada de especial. Cuando Sassoli termina sus anuncios la mayoría de miembros abandona la cámara. Algunos eurodiputados verdes, ninguno de los más destacados, levantan de forma discreta sus carteles de Junqueras a la altura del pecho durante unos segundos cuando la mayoría de la cámara está ya en pie.

El palo de Los Verdes

Hace unos días que Puigdemont y Comín han pedido unirse a la Alianza Libre Europea (ALE), un partido que engloba a fuerzas nacionalistas, y que comparte filas en la Eurocámara con Los Verdes. No hay noticias, ni demasiado buenas ni demasiado malas, desde que enviaron su solicitud. Sí que van a ser bienvenidos en ALE, pero un buen número de eurodiputados ecologistas no ven con buenos ojos su entrada.

Sin embargo lo que era una sospecha pasa a ser confirmado, delante de todo el mundo, en una rueda de prensa celebrada este martes. Sobre las 10:45, Philippe Lamberts, co-líder de Los Verdes, asegura que “su adhesión plantea un problema”. “De forma constante se han alineado” con el partido flamenco N-VA, y los valores de Los Verdes “son claramente opuestos a los de sus mejores amigos belgas”. Lamberts incluso le sugiere a Puigdemont que pida entrar al grupo en el que se engloba la N-VA, y donde también se sienta Vox.

Intervención ante la Eurocámara

Sobre las 11:00, Puigdemont toma por primera vez la palabra ante el Pleno. Lo hace durante el debate sobre la presidencia croata del Consejo de la UE. Y pide que Europa cree un mecanismo para proteger el derecho de la autodeterminación y se dirige directamente a Andrej Plenkovic, primer ministro croata, presente en el debate.

Cuando ha terminado se han escuchado algunos aplausos, pero no ha habido espectáculo. Acto seguido, Dolors Montserrat, del PP, y Luis Garicano, de Ciudadanos, pedían replicar a Puigdemont, pero el expresidente de la Generalitat ha rechazado la petición.

Plenkovic contesta

Poco antes de que se cumplieran sus primeras 24 horas en la sede del Parlamento Europeo de Estrasburgo, a las 12:50, en una rueda de prensa junto a la presidenta de la Comisión Europea, Plenkovic respondía a la interpelación de Puigdemont.

Ante la petición de europeización, Plenkovic se ha mostrado tajante: “En el debate se ha mencionado que nosotros, como presidencia, hemos pedido diálogo. No lo hemos tratado en absoluto a nivel del Consejo ni es parte de ninguna actividad de la presidencia. Es un asunto que se tiene que solucionar en España”.

Y así, de forma discreta, casi como algo anecdótico, Carles Puigdemont y Toni Comín han completado sus primeras 24 horas en Estrasburgo. Es mejor estar en el Parlamento Europeo que fuera, pero estar sentado no es garantía de relevancia.



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