Los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete se reúnen este jueves y viernes en Bruselas con una agenda cargada para finalizar un 2019 que ha estado lleno de altibajos y que muchos consideran el puente entre el viejo y el nuevo mundo para la Unión Europea en muchos asuntos. Será el primer Consejo Europeo para su nuevo presidente, el belga Charles Michel, pero también para Ursula von der Leyen, líder de la Comisión Europea, y para Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, que participará en una sesión el viernes.

La cumbre contará con dos puntos fundamentales y que algunos Estados miembros quieren vincular: la negociación del Marco Financiero Plurianual (MFP), que es la caja presupuestaria para la UE entre 2021 y 2027, y el clima, donde los líderes pretenden alcanzar un acuerdo para que el club al completo apoye el objetivo de alcanzar la neutralidad climática en el año 2050.

Son dos asuntos muy corrosivos. Las negociaciones sobre el MFP están bloqueadas, con los Estados miembros divididos entre los que creen que hay que aportar más y los que opinan que debe recortarse el presupuesto porque es imposible cubrir el agujero de 65.000 millones de euros que va a dejar la salida del Reino Unido, que era un contribuyente neto.

La propuesta hecha por la presidencia finlandesa ha sido muy divisiva y ahora Charles Michel asume el mando de las negociaciones. El objetivo es tratar de encontrar un equilibrio entre una parte y otra. La protección de la Política Agraria Común (PAC) y de los fondos de cohesión es la prioridad española, y son justo las partidas que los más conservadores buscan recortar, ya que se come la enorme mayoría del presupuesto europeo en unos tiempos en los que hay que financiar nuevas partidas.

El debate sobre el MFP va a ser largo y difícil. El listón está tan bajo que el objetivo de Michel se limita a lograr que los líderes se escuchen unos a otros, traten de comprender las motivaciones del resto de capitales con la esperanza de poder superar un bloqueo peligroso. El tiempo se empieza a agotar, con febrero como el momento idóneo para alcanzar un acuerdo, pero que está tan lejos que muchos dudan de que eso vaya a ser posible. Una fuente diplomática explica que, en cualquier caso, debería alcanzarse antes de que comience la presidencia alemana del Consejo, en julio de 2020.

Cualquier retraso significa que los proyectos asociados acumularían también un retraso, algo que afectaría a agricultores, científicos, estudiantes o regiones que se benefician de las ayudas y fondos europeos. Una alta fuente europea prefiere mantener el optimismo: “Ahora estamos entrando en una nueva fase y diría que nos estamos acercando al principio del fin” de la negociación, asegura.

El reto climático

El otro asunto a tratar, y que también está provocando cierta división, es el reto climático. Unas 24 horas después de que la nueva presidenta de la Comisión haya presentado su hoja de ruta para un Pacto Verde europeo, un plan para convertir a Europa en un continente climáticamente neutral en 2050 intentando limitar los costes sociales, los jefes de Estado y de Gobierno intentarán precisamente acordar ese objetivo: tratar de lograr que la UE, como bloque, apoye la meta de ser climáticamente neutral para 2050, lo que significa recortar un 85% las emisiones respecto a los niveles de 1990.

Los países cuyas economías dependen más de las energías fósiles, como Polonia, Hungría o República Checa, y que consideran que esta transición afectaría de forma especialmente negativa a su tejido industrial, han estado oponiéndose a este objetivo.

En los últimos movimientos piden vincular esta meta con la aprobación del MFP, para así asegurarse de que a cambio tienen garantizados fondos y ayudas que les permitan hacer frente a ese objetivo marcado, pero el resto de Estados miembros consideran innecesario y peligroso esperar: no se sabe cuándo va a cerrarse la negociación del MFP y quieren lograr ya el compromiso político respecto a la neutralidad climática.

Es también una moneda de cambio en la larga y salvaje negociación del MFP. Los nórdicos y algunos de los países más comprometidos con el objetivo de 2050 son los mismos que quieren recortar el Marco justo en los puntos donde les hacen daño, como los fondos de cohesión. Y por eso Polonia, Hungría o República Checa quieren utilizar la neutralidad como parte de la negociación del MFP, aunque una fuente diplomática advierte sobre los riesgos de “secuestrar” la negociación del Marco Financiero.

La propuesta del Pacto Verde de Von der Leyen, que ha sido anunciado con bastante bombo, platillo y precipitación, tenía como objetivo aumentar la presión sobre estos países, además de mostrar algunas promesas para ellos, como un Mecanismo de Transición Justa que movilizaría unos 100.000 millones de euros, aunque hasta ahora no se conocen los detalles sobre cómo se podría conseguir ese objetivo, que es muy ambicioso.

El punto de partida para este jueves está lejos de ser el deseado, y promete una discusión larga y difícil, aunque una alta fuente europea rechaza la idea de un debate eterno sobre clima: si no es posible el acuerdo pasarán a otro punto del día. Sin embargo, fuentes diplomáticas advierten por su parte que países como España no ven aceptable que finalice la cumbre sin adoptar unas conclusiones sobre clima.

Lo que sí es más que posible es que estos países no se sumen al carro del objetivo de 2050, y eso significa que la UE seguirá sin comprometerse oficialmente con esa meta justo en un momento delicado. Una fuente europea pide tener en cuenta la “presión exterior” que hay sobre este debate: con muchos ojos sobre ella la Unión tiene este jueves una maravillosa oportunidad para decepcionar, y eso se le da relativamente bien.

Otros asuntos en la agenda

Para el viernes todavía quedarán un par de puntos en la agenda. Habrá una cumbre del euro, en la que los líderes europeos comentarán con Mário Centeno, presidente del Eurogrupo, los progresos mínimos hechos en la negociación para la reforma de la Eurozona, con las negociaciones en un punto delicado ante la creciente negativa italiana a completar la reforma del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE).

Además, los jefes de Estado y de Gobierno adoptarán unas conclusiones sobre el Brexit solo unas horas después de conocer los resultados de unas elecciones generales en el Reino Unido que harán que Boris Johnson, primer ministro británico, no pueda acudir a la cumbre y deje sus votos en manos del presidente del Consejo Europeo. Lo que está previsto es que los Veintisiete repitan su compromiso con la unidad mostrada durante el proceso de divorcio y abran la puerta a que se apruebe el acuerdo del Brexit y se inicien las negociaciones sobre las relaciones futuras.

“No hay mucho tiempo. Nosotros estamos listos, esperamos que el otro lado también”, ha asegurado una alta fuente europea que ha recordado que, de aprobarse el acuerdo de retirada, solo habrá 11 meses para negociar un acuerdo comercial, por lo que “no hay tiempo que perder”.

“Nosotros le vamos a decir [al Reino Unido] que es lo que queremos, pero esto no ha hecho más que empezar”, apunta otra fuente diplomática, que avisa, como tantas otras veces han advertido distintas voces, que las negociaciones para las relaciones futuras con Londres van a ser mucho más difíciles de lo que han sido las del divorcio.

El Gobierno británico, sea cual sea, tiene poco tiempo para actuar y frente a él tiene a una UE agotada, donde la mayoría quieren acabar con este mareo y comenzar las negociaciones de un futuro acuerdo comercial. Eso sí: todo el mundo, incluido el propio Michel Barnier, negociador jefe del Brexit, coincide en que no va a ser posible cerrar un acuerdo comercial completo durante el periodo transitorio, que acaba en diciembre de 2020.

Si el Reino Unido quiere un tratado de libre comercio real que cumpla con sus necesidades, es decir, que incluya los servicios, tendrá que pedir una prórroga de uno o dos años antes del 1 de julio de 2020. El reloj ya está corriendo.

El Brexit ha sido un oasis en el que la UE ha encontrado la unidad. Con otros asuntos entrando en la agenda y ganando cada vez más fuerza, la división demuestra que sigue siendo la reina de la sala.



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