Casi una semana después de su lanzamiento, y después de las impresiones iniciales, quedan claras las posibilidades y lo que podemos esperar del servicio de streaming de Apple. Disponible ya en más de cien países, su precio de 4,99 euros al mes, altamente competitivo si se le compara con rivales directos como Netflix o HBO, ha recibido duras críticas por ser incluso excesivo para el escasísimo catálogo inicial de la plataforma.

De momento solo ocho series se han presentado en la plataforma, con tres capítulos de las series y la promesa de que se irán liberando el resto con cadencia semanal. Son un buen número de horas de ficción y documentales, desde luego, y lo que está por llegar -como la prometedora ‘Servant’ producida por M. Night Shyamalan, que acaba de mostrar su primer trailer-, pero se adivinan ciertas prisas por saltar al ruedo del streaming antes de tener un catálogo realmente consistente. La escasez de catálogo puede llevar a que haya clientes del servicio que literalmente no encuentren nada a su gusto.


Dejando de lado algunos despistes en el diseño y problemas con la interfaz, entre los indiscutibles puntos a favor del servicio está la calidad de la imagen: tras unas pruebas realizadas por el fundador de FlatpanelsHD, Rasmus Larsen, se llegó a la conclusión de que Apple TV+ tenía calidad más alta de transmisión 4K que ningún otro servicio de transmisión que lo admita, superando a muchas películas de iTunes. Se calculó a partir de promedios de la tasa de bits variables empleada por la plataforma y la palma se la llevaba ‘See’, que promedió una tasa de bits de video de 29Mb por segundo y un pico de 41Mb por segundo.

El resultado es una pasmosa sensación de estar viendo contenido de una calidad técnica apabullante. Se trata de un punto a favor indiscutible para las dos series que vamos a comentar a continuación, dos de las más notables dentro de un catálogo que se ha planteado con ese valor en mente, y que se deja ver tanto en los magníficos efectos de ‘Para toda la humanidad’ como en los bellísimos parajes naturales de ‘See’, pasando por el exquisito diseño de producción de ‘Dickinson’.

‘See’: Distopía a ciegas

Desde que acabó ‘Juego de tronos’ hablamos sin parar de qué serie será la nueva ‘Juego de tronos’. Incluímos en el paquete cosas tan dispares como la recién estrenada ‘La materia oscura’, la esperadísima ‘The Witcher’, las precuelas oficiales de los mundos de George R.R. Martin y su eterno rival entre el fandom ‘El señor de los anillos’. Cada una muy dispar y ninguna, en el fondo, capaz de hacernos olvidar la ‘Juego de tronos’ original. Lo que incluye esta ‘See’ de Apple Tv+, claro.

Y no solo porque Jason Momoa estuviera en la adaptación de Martin y aquí también, sino porque ‘See’ copia sin disimulo unos cuantos elementos muy característicos (o no tanto) de ‘Juego de tronos’, de clanes guerreros a una reina tan abominable como magnética. No tenemos, sin embargo, ni criaturas fantásticas ni intrigas palaciegas (no muchas, de momento), y sí un mundo post-apocalíptico en el que, tras una plaga sin detallar (veremos si lo hace en un futuro, porque es el cabo suelto más llamativo del argumento), toda la población es ciega.


La humanidad ha vuelto a un estado casi prehistórico y Momoa es el jefe de una tribu en la que residen, en secreto, dos niños que pueden ver. Son la descendencia de un misterioso hombre que les lega libros y documentación para que aprendan cómo era el mundo antes del apocalipsis. La mencionada reina, más virulenta y viciosa que cualquier plaga, entre secuencias de sexualidad y violencia ciertamente perturbadoras, quiere localizarlos por motivos aún no del todo claros.

‘See’ se ha llevado unas críticas desastrosas con sus capítulos de arranque, y francamente, no termino de explicármelo: los 15 millones de dólares invertidos en cada episodio, un auténtico exceso presupuestario poco habitual en plataformas de streaming, se dejan notar. Hay variedad de escenarios, una puesta en escena suntuosa que saca partido de los bellos decorados naturales (o no tan naturales: todos los que visita la reina figuran entre los mejores entornos apocalípticos de los últimos tiempos) y secuencias de espectacularidad considerable. Las escenas de acción, gracias a la ceguera de los personajes, son originales y violentísimas, y hay un combate cuerpo a cuerpo en el tercer episodio que deja en evidencia, por ejemplo, a cualquier producción Marvel de Netflix.

Es cierto que hay elementos, sobre todo a nivel de guión, que no terminan de encajar: los detalles en torno al día a día de los ciegos se pasan por alto con excesiva libertad y no se responde a preguntas lógicas. A la vez, se lleva un exquisito cuidado en retratar la vida a oscuras en aspectos como la guerra o el trato de tú a tú. Se recurre demasiado a menudo a las elipsis de meses o incluso años, y hay actitudes de personajes como la madre natural de los niños o parte de los villanos que no terminan de estar bien perfiladas.

Pero nada de eso impide que ‘See’ sea un espectáculo rebosante de ideas en torno a la ceguera y cómo una tribu guerrera sobrevive con ello. Conceptos como que la mera mención de la capacidad de ver sea una herejía o todo lo que rodea a la reina, una bella bruja de carnalidad desafiante y ambición desmedida, hacen de ‘See’, si no una distopía revolucionaria, sí una de las más interesantes y espectaculares de la televisión actual.

‘Para toda la humanidad’: Hay un ruso en la luna

También de género “historia alternativa”, pero en una línea mucho más discreta, ‘Para toda la humanidad’ propone un what if no especialmente original, pero que usa con notable inteligencia. ¿Y si los rusos hubieran ganado los primeros pasos de la carrera espacial y llegado primero a la luna en 1969? ¿Cómo habría reaccionado la NASA? Ese es el punto de partida de lo nuevo de Ron Moore, creador de ‘Galactica’.

El resultado no emplea esa leve desviación de la historia conocida para plantear una Tierra-2 donde todo ha sucedido de forma radicalmente distinta, al estilo de distopías como ‘The Man in the High Castle’. De hecho, aquí parece que Moore quiere enviar el mensaje de que los errores se corrigen solos y aunque siempre a la zaga, en estos primeros capítulos los estadounidenses llegan a la luna igualmente, como en la historia auténtica, solo que los rusos se les han adelantado.

Moore simplemente usa esa excusa para desviarse de la historia oficial en lo que le interesa y tener la posibilidad de inventar nuevos personajes inmersos en la carrera espacial. También le da la oportunidad de que personajes femeninos interesantísimos pasen a primer plano, y sobre todo orbita en torno a la idea de no ver a los Estados Unidos como totales triunfadores de la carrera espacial, sino de sacar a la luz unos cuantos traumas y frustraciones que aquí, como perdedores, pueden salir a flote.

El resultado no es tan atrevido como cabría pensar, y un ritmo deliberadamente lento pesa a veces demasiado en capítulos que van de los sesenta a los setenta minutos. Es cierto que los valores de producción hacen enmudecer al más pintado: la mezcla de imágenes de archivo de la época y nuevas secuencias, por ejemplo para los alunizajes, es muy inteligente, y secuencias como la del primer triunfo de los protagonistas en el satélite son sencillamente cautivadoras.


No solo en las secuencias de conquista del espacio se deja notar el mimo visual que ha inyectado Moore en la serie: todo lo relativo a las esposas de los astronautas, las escenas domésticas están rodadas con un gusto espectacular. De hecho, son más interesantes los convencionales problemas del día a día de las mujeres que las ya algo sobadas ansias de triunfo profesional de los astronautas. Que están muy bien (y las interpretaciones de gente como Joel Kinnaman y Michael Dorman, por insufribles que sean sus personajes, son extraordinarias), pero nos las sabemos desde los sesenta.

Sin duda, donde la serie puede encontrar una singular personalidad propia es distanciándose de la historia oficial, algo difícil de calibrar con solo tres episodios. Es en el inicio del tercero cuando se hacen equilibrios entre la historia paralela (mujeres en el programa espacial en los setenta) y la auténtica (existieron, pero siempre en lasombra), y donde ‘Para toda la humanidad’ se distingue de cualquier otra serie de ambientación histórica. Es de desear que Moore avance en esa dirección, más original y sorprendente.



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