Como a los dobles de las películas, Juan Guaidó es experto en secuencias de acción. Escapar por caminos secundarios, subirse al techo de los coches para agitar la bandera de Venezuela, increpar a los militares en la cara, intentar saltar verjas de hierro, moverse como un ninja con corbata. Las partes sosegadas de la historia –tejer alianzas, sacar ventaja de los diálogos, negociar, pactar y convencer- se le han dado peor. Amenazado con caer en la irrelevancia, su gira europea es una buena muestra de este estilo: un escape espectacular seguido de un montón de fotos con pesos pesados de la política internacional y mucho escepticismo sobre los resultados.

La madrugada del domingo 19 de enero, Guaidó -presidente de la Asamblea Nacional y presidente interino de Venezuela reconocido por más de 60 países- logró burlar la prohibición de salir del país que le impuso el Gobierno de Nicolás Maduro. El diputado opositor apareció en Colombia, con el traje impecable y desfilando sobre la alfombra roja presidencial que le tendió el presidente Iván Duque.

En Bogotá se reunió con Duque y Mike Pompeo, secretario de Estado de Estados Unidos, para luego volar a Europa, donde fue recibido el martes por Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido, en Londres y el miércoles en Bruselas por Josep Borrell, alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores, en Bruselas. El jueves acude al Foro Económico Mundial de Davos, donde espera cruzarse con más líderes políticos. El objetivo del viaje, los anfitriones, los mensajes y los posados es renovar el apoyo internacional a Guaidó como líder de una eventual transición en Venezuela y animar a sus seguidores en el país, frustrados por la ausencia de perspectivas de que esto pase.

Pendiente de España

España, a esta hora, sigue fuera de agenda. Una fuente del equipo internacional de Guaidó aseguró que se están haciendo contactos de “alto nivel” para lograr un cara a cara con Pedro Sánchez, bien en Davos o en Madrid. “Si no lo recibe Sánchez, se complica que vaya a España. Si se ven en Davos, entonces sí es probable que pase por España”, dijo la fuente, que pidió no ser identificada por no estar autorizada para declarar. “La canciller (ministra de Exteriores) española ha dicho que se está tratando de cuadrar la agenda y se ha ofrecido a recibirlo. La idea es convocar a los venezolanos para un acto en Sol con Guaidó. Nadie del equipo diplomático fuera sabía de su viaje. Los han puesto a correr”, agregó.

España se ha ofrecido como anfitriona para una nueva reunión del Grupo Internacional de Contacto, una alianza de países europeos y americanos que promueven una salida electoral a la crisis venezolana en contrapeso a la política de sanciones de EEUU. El grupo no se reúne desde el 28 de octubre de 2019. “Yo he querido reiterar claramente el apoyo a Guaidó como presidente encargado tras haber sido elegido presidente de la Asamblea Nacional. Reiteramos también que el objetivo de España es encontrar una salida política negociada entre los venezolanos con elecciones que se puedan celebrar con garantías democráticas”, dijo la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya.

Antonio Ecarri, representante diplomático de Guaidó en España, cree que la gira ha sido “un golpe político trascendente” y cree que la posición de Moncloa no cambiará a pesar de la llegada de Podemos al Gobierno: “Se mantendrá la que ha sido la postura internacional del PSOE a favor de la democracia y la libertad. Podemos es una realidad política que debe ser tomada en cuenta. No condenamos a nadie ‘a priori’. Ojalá ellos piensen igual acerca de nosotros”, aseguró Ecarri.

Caminos de ida y ¿de vuelta?

El viaje comenzó en Colombia por motivos de fondo y forma. En primer lugar, Guaidó no puede salir por ningún aeropuerto o puerto venezolano. Su única opción es salir por tierra (Venezuela tiene frontera terrestre con Colombia, Brasil y Guayana) a través de vías secundarias a menudo controladas por grupos irregulares, narcotraficantes y contrabandistas. Su misión era llegar a Bogotá, donde se realizaba la III Cumbre Hemisférica contra el Terrorismo, con la presencia de 20 países americanos, entre ellos Estados Unidos.

La oposición se cuidó que no se repitiera el escándalo de febrero del año pasado, cuando la oposición venezolana intentó traer la ayuda humanitaria a través de la ciudad fronteriza de Cúcuta. En esa oportunidad, Guaidó salió caminando por la frontera y se hizo fotografías con miembros del grupo paramilitar Los Rastrojos. Uno de ellos fue detenido por el gobierno de Maduro. Fuentes cercanas al entorno del político contaron que esta vez despejaron el área de salida fronteriza para que no se cruzara con grupos irregulares, mientras funcionarios del gobierno colombiano lo esperaban al otro lado.

El chavismo ha querido vender la salida de Guaidó como un fracaso para el líder opositor. “Guaidó salió pirado vía Rastrojos Trocha Airlines para no darle la cara a los poquitos seguidores que le quedan este próximo 23 de enero”, dijo Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación de Maduro, en Twitter, haciendo referencia a la fecha en la que se cumple un año desde que Guaidó se juramentó como presidente encargado.

Una foto contra el vacío

En Venezuela, la oposición teme que se repita de nuevo 2019, un año que empezó prometedor y terminó en nada. Hace un año, Guaidó ofrecía tres pasos de un mismo baile: cese de la “usurpación” de Maduro-, formar gobierno de transición –con o sin maduristas- y convocar elecciones libres –pero sin Maduro al mando-. No logró ninguno de ellos. A finales de año, el tema venezolano perdió fuelle internacional y el chavismo puso en práctica una infalible táctica para neutralizar al enemigo: ignorarlo.

Hasta que el pasado 5 de enero, Maduro intentó impedir la reelección de Guaidó como presidente del legislativo. La foto del líder opositor intentando saltar la cerca de hierro del Palacio Federal Legislativo, forcejando con los militares y la chaqueta rota le volvió a funcionar. Pero esta vez, su vuelta a los focos está siendo más moderada, con menos promesas y más aspiraciones a mediano plazo.

“La única alternativa que le queda a la oposición para restaurar la democracia es negociar con firmeza las condiciones para las próximas elecciones. Ese objetivo implica realinear los intereses de Europa y América Latina”, escribió el politólogo venezolano Michael Penfold en ‘The New York Times’. “El régimen sabe muy bien que Europa va a solicitar mucho más que una mera supervisión internacional, pues las reformas deben contar con un consejo electoral independiente y un calendario fijo tanto para las elecciones presidenciales como para las legislativas”, agregó.

¿Volver?

Europa, a través de Borrell, insistió en reconocer únicamente la Asamblea Nacional dirigida por Guaidó y en sumar esfuerzos: “Ambos han señalado la necesidad urgente de encontrar un enfoque común tanto entre los actores venezolanos como en la comunidad internacional que pueda llevar a un proceso político significativo”, indicó el Servicio Europeo de Acción Exterior en un comunicado. El propio Guaidó dijo que esperan “medidas concretas”, pese a que la comunidad internacional no se pone de acuerdo.

Minetras, la esperanza de los venezolanos, dentro y fuera del país, se desvanece. En un encuentro con la diáspora en Londres, Guaidó glosaba la causa opositora: “Esta es una alianza sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial: tantos países reunidos por una causa, que es la causa de la libertad, de recuperar la dignidad humana, una causa, sobre todo, por sanar”. Hasta que uno de los asistentes le increpa con la que, probablemente, es una añoranza que ha viajado en muchas maletas: “Estamos esperando para volver a Venezuela, ¿oíste?”. Guaidó deberá comprobar, primero, si él mismo podrá volver.



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