Procrastinar es humano. Todo el mundo lo practica, cada vez con más frecuencia por la vida cada vez más ajetreada que llevamos. Es una respuesta genética de nuestro cerebro, que se niega a estar trabajando constantemente por el enorme gasto de energía que supone y, al mismo tiempo, se aburre si siempre hacemos las mismas cosas, o algo que no nos motiva. El problema es cuando abusamos de este comportamiento. Los expertos han identificado cinco tipos de procrastinación, y si practicas varios de ellos con frecuencia, quizá tengas un problema.

Procrastinar es el término que se utiliza para describir el hábito de retrasar tareas pendientes e importantes que tenemos que llevar a cabo, y en su lugar hacer otras insignificantes o que nos resultan más agradables. Lo que coloquialmente se llama hacer el vago

Todo el mundo procrastina de vez en en cuando. El problema surge cuando se convierte en una costumbre, y pone en peligro los estudios o incluso el puesto de trabajo, por no terminar las tareas asignadas a tiempo. Tal como explican en TICbeat existen cinco tipos de procrastinación. ¿Cuál es el tuyo?


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El psicólogo Neil Fiore, especialista en analizar los problemas más comunes de productividad, ha identificado diferentes formas de procrastinar. Es importante saber identificar por qué perdemos el tiempo para descubrir los motivos, y corregirlos.

El desmotivado

Es el más común. Cuando la tarea que tienes pendiente es aburrida o desagradable no tienes motivación para hacerla, y la pospones todo lo que puedes, incluso de forma inconsciente. 

El perfeccionista

Muchas personas que son perfeccionistas lo ven como una virtud, pero en realidad a veces significa que tienen miedo a ser juzgadas o a que corrijan o detecten sus errores. Por eso nunca están satisfechos con el resultado de su trabajo, y pierden mucho tiempo en detalles insignificantes que no aportan nada. O bien siempre entregan las cosas a última hora. El mayor problema surge cuando te entra tanto pánico por no poder completar una tarea perfecta, que huyes de ella.

El impostor

Este tipo de sujeto pospone o evita sus tareas porque cree que no va a estar a la altura, o no va a obtener buenos resultados. Es una respuesta natural de autodefensa, especialmente si tienes jefes difíciles de contentar. Se convierte en un problema cuando se termina aceptando con afirmaciones como “no se puede hacer nada“, y este tipo de procrastinación se convierte en crónico.


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El abrumado

Otro de los tipos de procrastinación más comunes. Lo sufren las personas que tienen mucho estrés o mucho trabajo pendiente. El cerebro argumenta que “hay mucho que hacer, no se ni por donde empezar, así que no hago nada“. Ocurre tanto en el trabajo como en los estudios, cuando los estudiantes tienen mucho que estudiar.

El apostador

El apostador, también llamado el afortunado, cree que trabaja mejor bajo presión, así que lo deja todo para el último momento. Es una táctica arriesgada porque en más de una ocasión no le dará tiempo a terminar la tarea en las fechas acordadas.

Es normal usar algunas de estas procrastinaciones. Pero hay que empezar a preocuparse si las usamos todas ellas, o alguna muy a menudo. Si procrastrinas, en este reportaje puedes ver cómo dejar de procrastinar en cinco segundos.



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