Lo primero que se advierte nada más cruzar la puerta metálica del campo de concentración de Sachsenhausen, cuyas rejas forman en el centro la frase ‘Arbeit Macht Frei’, es un gran obelisco en el centro de la inmensa explanada en forma de triángulo. No lo construyeron los nazis, sino los soviéticos poco después de liberar el campo, uno de los primeros que pusieron en funcionamiento los nazis en Oraniemburg, un pequeño pueblo a 15 minutos en tren de Berlín.

Se tarda en reparar en los 18 triángulos rojos que lo coronan. En el macabro lenguaje de los campos del Tercer Reich el triángulo rojo invertido que se cosía en el pecho designaba a los presos políticos, los primeros en ser internados por el régimen nazi, nada más ascender al poder. No sólo lo constituían comunistas, también incluía a socialdemócratas e incluso a sacerdotes católicos, ya que su designación varió en algunos campos.

Cerca del mismo obelisco construido por la URSS en memoria de los presos políticos se halló una fosa con los cadáveres de la represión soviética

Terminada la guerra, el triángulo rojo comenzó a usarse entre los comunistas de Alemania del Este como símbolo antifascista, tal y como han hecho ahora Pablo Iglesias y Alberto Garzón cuando lo llevaron en sus chaquetas al prometer su cargo como vicepresidente y ministro de consumo del gobierno ante el rey el pasado lunes. Pero la URSS no sólo no rindió homenaje al resto de víctimas de los asesinatos y las torturas ejecutadas en ese mismo campo -designados con triángulos de otros colores, además de la estrella de David amarilla para los judíos-, sino que sustituyeron a los nazis y utilizaron el mismo espacio para internar a sus propios opositores políticos entre 1945 y 1950.

Campos reutilizados

Sachsenhausen y Buchenwald, no sólo fueron campos de concentración nazis, sino también soviéticos, los campos especiales soviéticos número 7 y número 2, respectivamente, detalle que los líderes del Partido Comunista y Unidas Podemos parecen ignorar en su relato del símbolo del ‘antifascismo’. En 1992, cuando ya había caído el muro, apareció en ese mismo campo de Sachsenahausen, en Oraniemburg, una fosa común con los restos de 12.500 víctimas que resultaron ser los triángulos rojos de la URSS: prisioneros alemanes que murieron como consecuencia de la tortura, la inanición y las enfermedades que usaron en el campo de concentración como arma represiva del nuevo régimen totalitario.

El principal objetivo de la NKVD de la URSS fueron los socialdemócratas, pero también encarcelaron a loa liberales y a cualquier disidente del nuevo SED

Entre ellos, socialdemócratas, liberales, democristianos o cualquier ciudadano acusado de disidente. La fosa estaba a pocos metros del mismo obelisco en memoria de los presos políticos, comunistas especialmente y que de forma deliberada había excluido a los judíos, los homosexuales y los gitanos, entre otors, también encarcelados y asesinados por los nazis. El aparato represivo de la NKVD soviética se encargó de enviar a los antiguos campos nazis a cualquier disidente político que pudiera representar una amenaza de seguridad para el nuevo régimen que querían imponer en la RDA.

Monumento soviético a la víctimas de la represión política nazi. Sachsenhausen, Alemania.

Según el historiador Ulrich Merten, su principal objetivo fueron los socialdemocrátas que se oponían al nuevo partido comunista creado por la URRSS en Alemania poara ejercer de forma totalitaria el poder, el SED, fundado en abril de 1946 y que sería el ppilar de la nueva República Democrática de Alemania, la RDA o Alemania del Este. No fueron sin embargo los únicos, la NKVD también encarceló, sin juicio alguno a “los miembros de los partidos burgueses, los democristianos y liberaldemócratas, los cuales se negaron a a colaborar con las autoridades soviéticas que habían ocupado Alemania (…) cuaquier persona considerada disidente, enemigo de clase, propietarios de tierras o simplemente opositores fueron enviados a los campos especiales” -Ulrich Merten, ‘The Gulag in East Germany: Sobiet Special Camps, 1945-150’ (Teneo)-.

Archipiélago Gulag

Sachsehaussen y Buchenwald fueron la punta de iceberg de una vasta red de campos de internamiento que la URSS aprovechó de los nazis. Formaban parte del sistema del GULAG, aunque no estuvieran en la URSS. La coartada para el sistema de represión política impuesta en Alemania del Este -la zona que ocupó la URSS donde implantó el SED para la creación de la RDA- fue la desnazificación: técnicamente los detenidos debían haber sido condenados por haber cometido actividades criminales durante el nazismo o al menos ser sospechosos de las mismas a la espera de ser jugados.

A diferencia de EEUU o Gran Bretaña, la NKVD internó en los campos no a los sospechosos nazis sino a los que consideraban una amenaza política

Es lo que se hizo en las zonas ocupadas por EEUU, Reino Unido o Francia, que también reutilizaron algún antiguo campo del Tercer Reich. La diferencia en el caso soviético, según la historiadora Bettina Greiner, fue que la NKVD encarceló a los ciudadanos alemanes “no por tener un pasado nazi que les supusiera una condena en los tribunales de ocupación, sino por representar un riesgo de seguridad para la potencia de ocupación (…) la mera sospecha de que alguien fuera una amenaza para los soviéticos, denominados como ‘Feindverdacht’ -sospechoso de ser enemigo- sellaba el destino tanto de los que habían sido arrestados sin juicio como de los que habían sido condenados por los tribulanes militares soviéticos”, -Bettina Greiner, ‘Suppressed Terror: History and Perception of Soviet Special Camps in Germany’-.

Los campos especiales se cerraron hacia 1950, aunque la mayoría de los prisioneros no recobraron la libertad: o fueron trasladados a los Gulag de la URSS o a las cárceles del nuevo sistema penitenciario de la RDA. Con el traspaso de poderes los antiguos campos de concentración nazis reutilizados por la NKVD soviética se cerraron definitivamente. De hecho, comenzaron los proyectos museísticos de memoria histórica: la misma RDA abrió el de Sachsenhausen en 1960, sin niguna mención a la época de los campos especiales de la URSS -Pierre Gouffault, ‘El campo de concentración de Sachsenhaussen (1936-1945)’-. Fue durante la época de la RDA precisamente cuando se popularizó el triángulo rojo como aímbolo antifascista.



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