El Atlético suma ya seis partidos consecutivos estampándose fuera de casa. Sin gol, no hay manera de derribar el muro. El conjunto de Simeone terminó la jornada pasada fuera de los puestos de Champions, sexto, y esta lo puede hacer directamente fuera de Europa. Los rojiblancos lo intentaron de todas las formas posibles, pero siguen negados de cara a portería. Joao Félix, que esta vez sí que disputó un partido entero y parece ya 100% recuperado de su lesión, se echó al equipo a la espalda, pero siempre que se topó con Asenjo tuvo el punto de mira desviado. El partido ante el Villarreal era crucial y de nuevo la entidad madrileña se dejó dos puntos valiosos en su lucha por la tercera plaza (0-0), esa que actualmente ostenta el Sevilla y que de ganarle el domingo a Osasuna podría ampliar a siete puntos.

El partido en La Cerámica fue un constante toma y daca, muy bonito para el espectador, desquiciante para los dos entrenadores. Ambos necesitaban recuperar sensaciones. El ‘submarino’ se presentaba ante su público tras cinco jornadas de Liga sin ganar que le habían desinflado en la tabla. Con serios problemas defensivos, especialmente a balón parado, parecía el rival idóneo para los colchoneros. Lejos de esto, los castellonenses, heridos en su orgullo, plantearon un encuentro complicado y por momentos loco, de esos que no le gustan nada a Simeone, acostumbrado al orden y control. Las imprecisiones en el medio campo fueran la tónica habitual, tanto en la primera como en la segunda parte. Ambos pudieron sacar réditos de las perdidas del otro, pero les pesa mucho que sus puntas de referencia, Gerad Moreno y Álvaro Morata, tengan la pólvora completamente mojada desde hace ya varias semanas. El delantero del Atlético, de hecho, no existió. Estuvo ausente.

Mientras el Atlético intentaba combinar buscando a sus mejores jugadores por dentro, el Villarreal buscaba las contras rápidas y las jugadas por banda. Arias, y muy especialmente Lodi, tuvieron muchísimo trabajo. Chuzwueze fue un constante incordio para el brasileño, por velocidad y desborde. Hermoso tuvo que multiplicarse, también Thomas, el más lúcido del Atlético en el centro del campo durante los primeros 45 minutos. El nigeriano pudo abrir la lata, también el propio Moreno y Trigueros, pero Oblak estuvo atento. El Villarreal aprendió del Leverkusen a la hora de sacar los corners: al centro y cerrados, metiendo muchos hombres alrededor del portero esloveno, dificultándole la visión, y en una de esas Gaspar la tuvo en sus botas tras un rechace que se quedó muerto a la altura del punto de penalti. La presión tras pérdida de los pupilos del Cholo era prácticamente inexistente, a sus futbolistas les costaba horrores replegar. Hermoso y Felipe mantuvieron las aspiraciones al triunfo.

Por suerte, ‘el submarino’ pecó (lleva tres temporadas así) de hermanita de la caridad y en varios errores de basculación entre sus defensas y los medios se supo colar muy bien Joao Félix. El portugués es, con diferencia, el más listo y ‘canalla’ de su equipo. Corrió perfectamente los espacios, creó desmarques de lujo, hizo controloles de mucha calidad y condujo la pelota siempre pegada a los pies. En él nacieron y murieron muchas de las posibilidades del Atleti en este encuentro. La primera pelota que envió al arco del Villarreal pegó en el poste tras rozarla con el guante Asenjo. La segunda, unos compases después, todavía se está preguntando cómo la desperdició: el joven recibió un pase en profundidad de Thomas, se la acomodó con elegancia, la deslizó unos metros y, con el guardameta rival vencido, mandó alto el globo picado, por encima del larguero. Se lamentó Joao mordiéndose la camiseta, incrédulo, con la mirada clavada en las nubes, también buena parte de sus compañeros.

La vuelta de vestuarios parecía que había cosido a los rojiblancos, pero nada de eso. Tras unos primeros minutos de dominio, el partido volvió a caer en el despropósito. Saúl, que comenzó el duelo feliz en su posición, se fue diluyendo como un azucarillo. Herrera tampoco anduvo fino y la salida de Thomas por poco le cuesta algo más que un empate a los rojiblancos. Fue salir el ghanés y perder el Atlético la poca discipina que llevaba ejerciendo. El Atlético no tenía más idea que esperar el error en alguna transición de su rival, salir rápido y encomendarse a Félix, a Vitolo e incluso a alguna cabalgada de Arias, exhausto. Morata por allí estaba, apagado. Sus compañeros intentaron encontrarle con algún centro lateral, pero ninguno le cayó a él. No tiene imán. Mientras, Chukwueze, Gerard Moreno y Trigueros intentaban hacer de las suyas cada vez que conseguían superar la primera línea defensiva del Atleti. Oblak sudaba, repeliendo con sus puños todo lo que podía para que su equipo no se desmontara.

De nuevo Joao fue el encargado de meter el miedo en el cuerpo a los aficionados locales. Otras dos muy claras: la primera, tras girarse en el interior del área y después, un chutado desde la izquierda que Asenjo despejó con alguna dificultad. La última de todas fue un gran desmarque con cesión a Koke, que la mandó por encima del travesaño. El error tocaba a su fin y cualquiera podía llevarse el gato al agua. El envite era un auténtico correcalles. A falta de Savic y Giménez, que cuenta ya las horas, buenos son Felipe y Hermoso, que estuvieron por lo general muy correctos. Al Atlético no le basta con una buena defensa porque, por increíble que parezca después de la inversión realizada, sigue sin perforar la portería contraria. El camino del gol lo conoce (que Félix intervenga todo lo posible), pero sin precisión es difícil. Como si estuviera en una eterna feria, el equipo tiene menos puntería que una escopeta. Son ya tres partidos seguidos sin gol…y entre dudas e incógnitas se recibirá al Lokomotiv, duro contrincante para jugarse el pase a los octavos de la Champions League.



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