El acelerómetro es un componente vital en prácticamente cualquier dispositivo electrónico portátil. Investigadores del Real Instituto de Tecnología KTH han presentado el acelerómetro más pequeño del mundo, fabricado con grafeno. Del tamaño de una pulga, tal como se puede ver en la foto de apertura de la noticia, su pequeño tamaño abre las puertas a nuevas aplicaciones que hasta ahora no eran posibles, o no eran demasiado precisas con los acelerómetros actuales, de un tamaño 3 o 4 veces mayor.

Un acelerómetro es un sensor que mide la fuerza de aceleración. En definitiva, la cantidad de movimiento. Se usa en móviles y wearables para medir cuando un móvil se cae al suelo, si se coge de la mesa para usarlo o llevarlo al oído, cuándo estamos andando o corriendo, etc. También se utiliza para medir vibraciones.

Como más grande sea un acelerómetro menos preciso es, o al menos hay ciertos movimientos que no puede medir. Por ese este acelerómetro más pequeño del mundo tendrá múltiples aplicaciones.


Todo el mundo ha escuchado hablar del grafeno en algún momento de los últimos años. Pero tras esa cortina de ruido, ¿cuáles han sido realmente los avances que se han conseguido gracias a este material?

Nos encontramos en un momento en el que la electrónica está pasando de los sistemas microelectromecánicos (MEMS) a los sistemas nanoelectromecánicos (NEMS). La nanotecnología va a revolucionar la electrónica, y el grafeno va a jugar un papel muy importante.

El grafeno es un nuevo material formado por un lámina de carbono puro de un átomo de espesor, en donde los átomos forman paneles de abejas. Es un millón de veces más fina que una hoja de papel.

Se considera un material milagroso por sus numerosas propiedades. Es extremadamente ligero pero al mismo tiempo, extremadamente fuerte. Una lámina de un metro cuadrado sólo pesa 0,77 gramos. Es transparente, flexible, impermeable, no contamina, y es más duro que el diamante, 200 veces más fuerte que el acero y más flexible que la fibra de carbono. Además es superconductor: 100 veces más rápido que el silicio usado en los chips. Conduce el calor, genera electricidad cuando recibe luz, y cambia sus propiedades cuando se combina con otros materiales. Por ejemplo, puede repeler el agua o ser más conductivo. Su unión es tan perfecta que ni siquiera los átomos de helio, los más diminutos que existen, pueden atravesarlo. Y  si la lámina recibe daños, se autorepara.


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Gracias a su tamaño tan pequeño, que se mide en átomos de grosor, y a su conducitividad, los investigadores de KTH han podido crear el acelerómetro más pequeño del mundo, manteniendo su sensibilidad.

Al ser más pequeño se puede reducir el tamaño de los weareables, o instalarlo en disposivos que necesiten una mayor precisión. Se obtendrás mejoras en el registro de movimiento en móviles, juegos, y pedómetros. También serán muy útiles en sensores de salud para detectar enfermedades del corazón, en donde se requiere la máxima precisión.

Varias empresas ya tienen planeado usarlos en productos como membranas de presión y micrófonos.



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