En las primarias del Partido Conservador de 2016, Andrea Leadsom —bien posicionada y respetada en los círculos euroescépticos— perdió la batalla ante Theresa May, quien no era especialmente popular, por unos desafortunados comentarios días antes de la votación, cuando dio a entender que ella podría ser mejor primera ministra por el hecho de ser madre. Ante unas elecciones generales, el simbolismo de cada gesto se amplifica aún más. Y la pregunta que se plantea ahora es la siguiente: ¿puede Boris Johnson perder la ansiada mayoría absoluta por la fotografía de un niño tumbado en el suelo en un servicio de urgencias?

Jack Willment-Barr, de cuatro años, se ha convertido en el símbolo de la crisis del Sistema Nacional de Salud público británico (NHS, por sus siglas en inglés). Su madre, Sarah Williment, mandó la imagen del pequeño al periódico local ‘Yorkshire Evening Post’ para denunciar las más de cuatro horas de espera a las que se enfrentaron en el hospital de Leeds, adonde acudieron por miedo a que fuera un caso de neumonía. Pero en la era de las redes sociales, la fotografía no tardó en protagonizar la portada del ‘Daily Mirror’ con entrevista incluida a la progenitora prometiendo que, por primera vez en su vida, votaría a los laboristas.

Jack Wiliment-Barr, el niño que tuvo que dormir sobre una pila de abrigos en el hospital de Leeds.

La celeridad con la que el lunes el mismísimo ministro de Sanidad, Matt Hancock, se plantó en el centro hospitalario, solo fue igualada por la rapidez con la que el líder de la oposición, Jeremy Corbyn, comenzó a mostrar la portada del tabloide en sus mítines.

Por su parte, la reacción de Johnson —metiéndose en su bolsillo el móvil del periodista de ITV que insistentemente le preguntaba por la fotografía— ponía el broche de oro al circo político-mediático que protagoniza ahora la recta final de unos comicios, donde la crisis del NHS (y de rebote, los recortes impuestos en su día por un Gobierno ‘tory’ que lleva ya casi una década en el poder) ha eclipsado al propio Brexit.

Por qué el NHS es tan importante

El que presume de ser el sistema de salud más grande del mundo financiado con fondos públicos lleva ya tiempo enfermo. Los síntomas se agudizan seriamente en invierno. Para primavera, que es normalmente cuando los británicos celebran elecciones, los dolores mejoran y pasan a segundo plano.

El problema es que las urnas se sacan ahora en pleno diciembre —circunstancia inédita desde 1923— y el paciente está grave, con los servicios de urgencias completamente colapsados. El pasado mes de octubre, se alcanzaron los peores datos desde que existen registros en 2004. Solo una de cada seis personas fue atendida antes de las cuatro horas, que es el objetivo marcado para los hospitales de Inglaterra (Irlanda del Norte, Escocia y Gales tienen sus propias competencias).

El pasado mes de octubre, solo una de cada seis personas fue atendida antes de las cuatro horas, que es el objetivo marcado para los hospitales

Y da la casualidad de que los centros más saturados se encuentran en el norte de Inglaterra, precisamente donde están los llamados ‘distritos marginales’, aquellos donde ni laboristas ni conservadores tienen el voto asegurado. En definitiva, aquellos donde Johnson se juega ahora la mayoría absoluta que necesita para sacar el Reino Unido de la Unión Europea.

“El NHS está teniendo un gran protagonismo, sobre todo en la recta final de campaña, que está coincidiendo con un ligero repunte de Corbyn”, asegura Joe Greenwood, investigador de procesos electorales en la London School of Economics. “El votante indeciso que se decanta finalmente por los laboristas suele hacerlo en los últimos días. Es un votante que necesita ahora reafirmarse en sus ideas, y tradicionalmente la defensa del NHS siempre ha estado más ligada al partido que está ahora en la oposición”, recalca a El Confidencial.

El experto considera que en los comicios del jueves, los ‘tories’ tienen entre un 65% y un 70% de posibilidades de lograr una amplia mayoría. Sin embargo, tampoco descarta ningún escenario debido al complejo sistema electoral británico, nada proporcional. Tan solo con un cambio del 3% de votos, el actual ‘premier’ podría verse en serias dificultades. Y no sería la primera vez que la cita con las urnas viene con sorpresa. Tras el Brexit, los ‘tories’ acabaron perdieron la mayoría absoluta en 2017 pese a partir con una ventaja de hasta 22 puntos.

¿Quieres ganar elecciones? Habla de hospitales

Desde su creación en 1948, el NHS presume de ser uno de los sistemas más eficientes, igualitarios y completos del mundo. Nació con el ideal de ofrecer un buen servicio a todo ciudadano residente, independientemente de su riqueza. Siempre ha sido el niño mimado de los británicos. De ahí que el propio Johnson lo utilizara como eslogan estrella en la campaña euroescéptica del histórico referéndum de 2016, en el que los británicos tenían que decidir su futuro dentro o fuera de la UE.

El excéntrico político recorrió entonces el país con un autobús rojo, prometiendo que los 350 millones de libras que el Reino Unido destinaba (según su versión) semanalmente a la UE se desviarían, en caso de divorcio, al NHS. La cifra se demostró falsa. Pero no importó, porque Johnson consiguió su propósito: la mayoría del electorado apostó por el Brexit.

Días después del triunfo, cuando a ambos lados del Canal de la Mancha aún se estaba digiriendo el resultado, Dominic Cummings, cerebro de la campaña euroescéptica, dio una charla ante Nudgestock, un festival de ciencias del comportamiento, en la que habló de los problemas de la ‘marca tory’. “La gente cree que el Partido Conservador básicamente no se preocupa por las personas normales y corrientes. He conocido a muchos diputados conservadores y me entristece decir que la gente tiene razón. A la mayoría de ‘tories’ no les importa los que están en situaciones más desfavorecidas. No les importa el NHS”, matizó.

Autobús pidiendo el voto para los partidarios del Brexit. (Reuters)

Tres años después, el escenario es el siguiente: Johnson es candidato a primer ministro con Cummings como su asesor principal. Y ambos tienen que demostrar que el NHS sí importa, porque para el electorado es una cuestión igual o más relevante que el propio Brexit y sobre la cual la oposición laborista, tradicionalmente, siempre ha jugado un mejor papel. Aproximadamente 100 de los 700 tuits que Johnson ha publicado en los últimos meses han tratado sobre el NHS, y gran parte de la campaña se la ha pasado recorriendo hospitales.

Según las encuestas, los ‘tories’ gozan ahora de mayor confianza que Corbyn, pero aun así, en cada una de sus intervenciones, Johnson tiene que responder siempre a la misma pregunta: ¿el NHS está encima de la mesa en las negociaciones de un futuro acuerdo comercial con EEUU? El hecho de que la supuesta injerencia rusa en esta campaña haya estado vinculada con esta cuestión demuestra hasta qué punto la sanidad juega ahora un papel determinante en las elecciones más importantes de las últimas décadas en el Reino Unido.

En Inglaterra, hay actualmente casi 100.000 puestos sin cubrir, lo que incluye cerca de 40.000 vacantes de enfermeros y casi 10.000 de médicos

Nunca antes los dos principales partidos habían luchado por los votos, compitiendo por la cuestión sanitaria. Sin embargo, ahora se ha convertido en un auténtico campo de batalla. El año pasado, Theresa May anunció un paquete extra de 20.000 millones de libras anuales hasta 2023 para el NHS. Johnson, que la sustituyó en Downing Street en julio, promete ahora una partida de 2.700 millones de libras más para construir seis hospitales (al principio de campaña, llegó a hablar hasta de 40), 2.400 millones de libras para impulsar la atención primaria y 1.800 millones de libras para renovar las instalaciones y comprar nuevos equipos.

Por su parte, los laboristas han prometido una partida de 6.000 millones de libras más de la que prometen los ‘tories’ hasta 2024, llevando su presupuesto total a los 155.000 millones de libras. En este sentido, el plan de Corbyn aumentaría el gasto del NHS un 3,9% anual, en línea con el promedio a largo plazo y por encima del 3,4% planeado por los conservadores, pero muy por debajo del 6% que se vivió en el apogeo de la era de Tony Blair (1997- 2007).

Azuzar el miedo a la privatización

El año pasado, se destinaron más de 156.000 millones de libras al NHS en todo el Reino Unido, en otras palabras, 30 peniques de cada libra empleada en servicios públicos. Si se compara lo que representa el gasto respecto al porcentaje del PIB, el país está en la media europea, pero por detrás de otros países importantes.

Según los datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el Reino Unido destina alrededor de un 9,8% de su PIB a sanidad, comparado con el 11,5% del PIB del caso francés o el 11% del PIB del alemán. Por su parte, España gasta el 9% de su PIB. La cuestión económica es clave, aunque para el NHS uno de sus grandes problemas siempre ha sido la falta de personal. En Inglaterra, hay actualmente casi 100.000 puestos sin cubrir, lo que incluye alrededor de 40.000 vacantes de enfermeros y casi 10.000 de médicos.

Chaand Nagpaul, responsable de la Asociación Médica Británica, ve complicado cómo cualquier Gobierno puede mejorar la situación, “especialmente teniendo en cuenta el gran fracaso cosechado cuando se puso como objetivo reclutar 5.000 médicos de cabecera más para 2020”. “En su lugar, hemos perdido casi 1.000 desde 2015”, subraya.

Desde hace ya décadas, el mercado laboral británico no forma a suficientes profesionales. Hasta ahora, han sido los trabajadores extranjeros los que completaban la demanda. El 13,1% de los 1,2 millones de empleados con los que cuenta ahora el NHS han nacido fuera del Reino Unido. Alrededor de 65.000 son ciudadanos de la UE, lo que supone un 5,5% del total de los empleados. Pero con el Brexit, la situación empeora.

Según el Consejo de Enfermería y Obstetricia de Inglaterra, casi 5.000 profesionales procedentes de países de la UE han abandonado sus puestos en los últimos dos años. De hecho, el número ha caído a mínimos históricos y se ha pasado de 38.024 enfermeros formados en la UE en marzo de 2017 a 33.035 en marzo de 2019.

Jemma, una enfermera irlandesa con 20 años de experiencia que trabaja actualmente en un concurrido hospital en el noreste de Londres (del que no quiere dar más detalles para no ser identificada), ha sido testigo ya de varias bajas. “Se ha ido una enfermera alemana a Irlanda y un médico italiano a Australia por la incertidumbre”, explica. “Trabajo con un equipo multidisciplinario, hay doctores, enfermeras, asistentes de atención médica… Y jamás hemos logrado tener todos los puestos cubiertos. Además, actualmente estamos en medio de recortes. En los próximos 18 meses no se puede cubrir ninguna baja. La presión sobre los que quedamos es inmensa. Y no tiene pinta de mejorar, porque nos han reducido el presupuesto en más de 250.000 libras para los próximos tres años. De verdad que es una situación insostenible”, recalca.

Escándalos que magnifican el problema

En los últimos años, el NHS ha vivido diferentes escándalos, siendo uno de los más graves el bautizado como caso Stafford. En 2013, salió a la luz cómo pacientes bebían desesperados el agua de los floreros sucios e incluso del retrete. Estaban deshidratados y sin nadie que les ofreciera líquido. Otros dormían durante días sobre sus propios excrementos, permanecían atados a los barrotes de la cama o perdían la voz gritando por no poder soportar más el dolor. El caos se repetía en los pasillos donde las camillas con enfermos se apilaban ante la ausencia de habitaciones libres.

Con todo, los británicos no quieren ni escuchar la palabra privatización. Aunque en la actualidad, alrededor del 7% del presupuesto del NHS ya se destina a proveedores privados, en comparación con el 5% de 2012, cuando el Gobierno de coalición de ‘tories’ y liberaldemócratas liderado por David Cameron llevó a cabo una de las mayores reformas del sistema desde su creación. Para “atajar la burocracia”, se derivó el control sanitario a comisiones del ámbito local y se abrieron las puertas a que empresas privadas pudieran hacerse con parte de la gestión.

El fantasma de la privatización ha regresado ahora en la campaña de estos comicios con unos documentos confidenciales del Gobierno publicados por la oposición laborista. Se trata de 451 páginas con detalles de hasta seis rondas de conversaciones mantenidas desde julio de 2017 hasta “hace solo unos meses” entre funcionarios británicos y americanos sobre el futuro acuerdo comercial que podrían cerrar ambos países una vez el Reino Unido salga de la UE.

En julio, durante su polémica visita de Estado al Reino Unido, Donal Trump señaló que “todo estaba encima de la mesa”. En su última visita a Londres, con motivo de la cumbre de la OTAN, el norteamericano ha estado más comedido y, aleccionado por el equipo de Johnson, ha dicho que no quiere al NHS “ni aunque se lo sirvan en bandeja de plata”.

Pero el documento menciona en varias ocasiones al NHS y la cuestión de las patentes de las empresas farmacéuticas. ‘A priori’, no existen evidencias de que, en efecto, Londres esté planeando privatizar el NHS. Pero en términos políticos, Corbyn no ha dudado en acusar al Ejecutivo de poner ahora el sistema de salud pública encima de la mesa.

“Ha tratado encubrirlo, pero lo hemos sacado a la luz”, afirma el veterano político, que nunca se ha sentido cómodo hablando de la cuestión europea y, como hiciera en 2017, está focalizando ahora toda su campaña en cuestiones domésticas, con la defensa a ultranza del NHS por encima de todo.

La pregunta es, ¿de dónde han salido esos documentos? Un informe de Ben Nimmo, director de Investigaciones de Graphika, una compañía de análisis de redes sociales, señala ahora que la manera en que el texto se filtró y se publicitó luego en redes “se parece mucho” a la conocida operación de desinformación rusa Secondary Infektion.

Carlos Barragán. Kyiv

El fin de la guerra en Ucrania arroja luz sobre el turbulento panorama geopolítico. Europa está dividida, EEUU en crisis interna, Rusia debilitada y China se posiciona como el gigante silencioso

A principios de este año, Atlantic Council, un grupo de expertos de Estados Unidos, demostró que Moscú estaba detrás de una serie de intentos fallidos para difundir a gran escala noticias falsas, traducidas hasta en seis idiomas, con el objetivo de desestabilizar las democracias en Occidente. Entre los bulos, circulaba una historia sobre cómo un grupo de británicos pro UE planeaba asesinar a Johnson.

El documento del NHS se publicó en octubre en Reddit, un foro de chat de internet, por un usuario que cometió errores gramaticales característicos de Secondary Infektion. Nimmo señala que no se puede asegurar al 100% que estén ahora detrás de la filtración del NHS también los rusos, pero recalca que “existen demasiadas coincidencias”.

El hecho de que el Kremlin pudiera estar involucrado demuestra hasta qué punto la crisis del NHS puede tener ahora peso en unos comicios en los que un puñado de votos arrebatarían a Johnson los escaños que necesita para ejecutar la salida de la UE.



Fuente


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *