Es oficial, el acuerdo anunciado el 13 de diciembre está totalmente cerrado y será firmado por Trump y el viceprimer ministro chino Liu-He a las 17:00 en Washington. Con este acuerdo se cierra, en un principio, la guerra comercial abierta que China y EEUU emprendieron a través de declaraciones, aranceles, devaluación de divisas e incluso vetos a empresas concretas, que han amenazado a las economías y a los mercados de todo el mundo.

Este acuerdo será la base sobre la que se construirán nuevos consensos y consistirá esencialmente en dos puntos, un compromiso de China, que acepta aumentar con creces sus compras a EEUU en más de 200.000 millones de dólares en los próximos dos años. Esta cifra se repartirá principalmente entre los productos manufacturados, la energía y los bienes agrícolas, destacando especialmente la soja. El país asiático también aceptará endurecer sus leyes sobre propiedad intelectual para que se intente evitar que empresas chinas realicen espionaje industrial de productos estadounidenses, como Trump afirma que ocurre, por ejemplo, en el caso de Huawei.

En futuras negociaciones se planteará que EEUU baje los aranceles que tiene sobre el gigante asíatico que estaban valorados en 110.000 millones de dólares y, por el momento, no se activarán los que estaban previstos para mediados de diciembre que estaban valorados en 150.000 millones. Sin embargo, ante las informaciones que apuntaban a reducciones de las tasas que ya existían, Estados Unidos lanzó un comunicado ayer afirmando que “no hay acuerdo oral ni escrito sobre este asunto por lo que cualquier rumor en ese sentido es falso”.

A pesar de que la firma supone enterrar el hacha de guerra, aun queda un largo camino de negociaciones entre ambas que dan por hecho que, aunque es un punto de inflexión, solo es el comienzo de una nueva etapa.

Uno de los últimos gestos que han derivado de este nuevo consenso ha sido la decisión de EEUU de retirar a China de la lista de ‘manipuladores de divisas”, lo que se explicó el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin diciendo que “China ha hecho compromisos para abstenerse de la devaluación competitiva, al tiempo que promueve la transparencia y la rendición de cuentas”.

La historia de China y EEUU hasta llegar aquí ha sido de todo menos tranquila. Con giros de guión constantes, decisiones inesperadas, venganzas, traiciones y reconciliaciones que, según todos los analistas, solo precedían una escalada de tensión. EEUU demandó a China ante el FMI el 8 de agosto tras una devaluación masiva del yuan hasta niveles de 2008 y fue entonces cuando la incluyó en esa lista que el martes abandonó.

Uno de estos momentos fue la ruptura de la tregua comercial por parte de EEUU para imponer nuevos aranceles a productos chinos que se activarían en diciembre y, tras la respuesta china, Trump pidió públicamente a las empresas norteamericanas que abandonasen el país asiático. Ahora la situación parece bien distinta con la firma de este acuerdo en fase uno.



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